Jueves, Diciembre 14, 2017
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Que son las Indulgencias

¿Qué son las indulgencias? (cuando, como, porque, y para que)

Seguramente hemos oído la palabra “indulgencias”, entendiendo por tal una especie de gracia o favor que se vincula al cumplimiento de una acción piadosa: el rezo de alguna oración, la visita a un santuario o a otro lugar sagrado, etc. También al oír la palabra “indulgencias” vienen a nuestra memoria las disputas entre Lutero y la Iglesia de Roma, y las críticas subsiguientes de los otros reformadores del siglo XVI.

Pero, ¿qué son las indulgencias? La etimología latina de la palabra puede ayudarnos a situarnos en una pista correcta. El verbo “indulgeo” significa “ser indulgente” y también “conceder”. La indulgencia es, pues, algo que se nos concede, benignamente, en nuestro favor.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos proporciona, con palabras de Pablo VI, una definición más precisa: “La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos” (Catecismo, 1471).

La definición, exacta y densa, relaciona tres realidades: la remisión o el perdón, el pecado, y la Iglesia. La indulgencia consiste en una forma de perdón que el fiel obtiene en relación con sus pecados por la mediación de la Iglesia.

¿Qué es lo que se perdona con la indulgencia? No se perdonan los pecados, ya que el medio ordinario mediante el cual el fiel recibe de Dios el perdón de sus pecados es el sacramento de la penitencia (cf Catecismo, 1486). Pero, según la doctrina católica, el pecado entraña una doble consecuencia: lleva consigo una “pena eterna” y una “pena temporal”. ¿Qué es la pena eterna? Es la privación de la comunión con Dios. El que peca mortalmente pierde la amistad con Dios, privándose, si no se arrepiente y acude al sacramento de la penitencia, de la unión con Él para siempre.

Pero aunque el perdón del pecado por el sacramento de la Penitencia entraña la remisión de la pena eterna, subsiste aún la llamada “pena temporal”. La pena temporal es el sufrimiento que comporta la purificación del desorden introducido en el hombre por el pecado. Esta pena ha de purgarse en esta vida o en la otra (en el purgatorio), para que el fiel cristiano quede libre de los rastros que el pecado ha dejado en su vida.

Podemos poner una comparación. Imaginemos una intervención quirúrgica: un trasplante de corazón, por ejemplo. El nuevo corazón salva la vida del paciente. Se ve así liberado el enfermo de una muerte segura. Pero, cuando ya la operación ha concluido exitosamente, e incluso cuando está ya fuera de peligro, subsiste la necesidad de una total recuperación. Es preciso sanar las heridas que el mal funcionamiento del corazón anterior y la misma intervención han causado en el organismo. Pues de igual modo, el pecador que ha sido perdonado de sus culpas, aunque está salvado; es decir, liberado de la pena eterna merecida por sus pecados, tiene aún que reestablecerse por completo, sanando las consecuencias del pecado; es decir, purificando las penas temporales merecidas por él.

La indulgencia es como un indulto, un perdón gratuito, de estas penas temporales. Es como si, tras la intervención quirúrgica y el trasplante del nuevo corazón, se cerrasen de pronto todas las heridas y el paciente se recuperase de una manera rápida y sencilla, ayudado por el cariño de quienes lo cuidan, la atención esmerada que recibe y la eficacia curativa de las medicinas.

La Iglesia no es la autora, pero sí la mediadora del perdón. Del perdón de los pecados y del perdón de las penas temporales que entrañan los pecados. Por el sacramento de la Penitencia, la Iglesia sirve de mediadora a Cristo el Señor que dice al penitente: “Yo te absuelvo de tus pecados”. Con la concesión de indulgencias, la Iglesia reparte entre los fieles la medicina eficaz de los méritos de Cristo nuestro Señor, ofrecidos por la humanidad. Y en ese tesoro precioso de los méritos de Cristo están incluidos también, porque el Señor los posibilita y hace suyos, las buenas obras de la Virgen Santísima y de los santos. Ellos, los santos, son los enfermeros que vuelcan sus cuidados en el hombre dañado por el pecado, para que pueda recuperarse pronto de las marcas dejadas por las heridas.

¿Tiene sentido hablar hoy de las indulgencias? Claro que sí, porque tiene sentido proclamar las maravillas del amor de Dios manifestado en Cristo que acoge a cada hombre, por el ministerio de la Iglesia, para decirle, como le dijo al paralítico: “Tus pecados están perdonados, coge tu camilla y echa a andar”. Él no sólo perdona nuestras culpas, sino que también, a través de su Iglesia, difunde sobre nuestras heridas el bálsamo curativo de sus méritos infinitos y la desbordante caridad de los santos.

Condiciones para ganar la Indulgencia

Para poder beneficiarse de las indulgencias es necesario estar bautizado, no excomulgado y en estado de gracia por lo menos al final de las obras prescritas para ganar la indulgencia. Esto es fundamental para no caer en la superstición o pensar que se trata de algo mágico. 

Para que el sujeto que reúne estas condiciones de beneficio debe tener intención aunque sea general, de ganarlas y de cumplir las obras prescritas dentro del tiempo establecido y en la forma debida. 

Indulgencia plenaria

Las siguientes oraciones y acciones, entre otras, tienen indulgencia plenaria, si se cumplen las condiciones requeridas:

- "A tí, oh Dios, te alabamos..." (Te Deum): 1 de enero y en la Solemnidad de Pentecostés. 

- "Adorad postrados..." (Tantum ergo): Jueves Santo después de la Misa en Coena Domini y en la acción litúrgica del Corpus Christi.

 - "Jesús dulcísimo..." (Acto de reparación): rezado públicamente el día del Sagrado Corazón. 

- "Miradme, oh mi amado y buen Jesús...": Los viernes de Cuaresma. 

- "Ven Espíritu Creador..." (Veni Creator): rezado públicamente el 1 de enero y en la solemnidad de Pentecostés.

- Rezar el Vía Crucis: ante las estaciones, pasando de una a otra por lo menos quien lo dirige, meditando las escenas si se desea, con alguna oración vocal.

 - Rezo del Santo Rosario: rezándolo en una iglesia, en un oratorio, en familia, o en comunidad. Es suficiente con rezar sólo cinco de los quince misterios, con la meditación de los misterios que se rezan.

 - Adoración al Santísimo durante al menos media hora. 

- Adoración de la Cruz: en la acción litúrgica del Viernes Santo.

 - Realizar Ejercicios Espirituales o retiros similares, al menos de tres días de duración. 

- Recibir la Bendición Papa Urbi et Orbi, también es válida por radio o televisión. 

- Asistir al rito con que se clausura un Congreso Eucarístico. 

- Al sacerdote que celebra los 25, 50, 60 años como aniversario de su ordenación, es extensiva a quienes le acompañen en la Santa Misa.

 - Lectura de la Sagrada Escritura: al menos media hora.

 - Visitar la iglesia parroquial en la fiesta titular y el 2 de agosto (indulgencia de la Porciúncula). Lo mismo vale para la Iglesia catedral.

- Recibir la bendición apostólica en peligro de muerte inminente. En el caso de que no haya sacerdote, la Iglesia concede esta misma indulgencia con tal que se haya rezado habitualmente algunas oraciones (se suplen las tres condiciones habituales para ganar la indulgencia plenaria). 

- Asistir a la predicación de algunos sermones, participando en la clausura de una Santa Misión. 

- Visitar una iglesia u oratorio el día de su santo Fundador, rezando un Padrenuestro y un credo. 

- Visitar las Basílicas Patriarcales o Mayores de Roma el día de la fiesta titular, en cualquier día de precepto o en día cualquiera del año elegido por el mismo fiel: ha de rezarse el Padrenuestro y el Credo. 

- Visitar una iglesia u oratorio el día de Todos los difuntos (o con consentimiento del obispo, el domingo anterior o el posterior). Esta indulgencia sólo es aplicable a las almas del purgatorio. 

- Visitar una iglesia o altar en el día de su dedicación, rezando un Padrenuestro y un Credo. 

- Usar el día de los Santos Pedro y Pablo (29 de junio) algún objeto piadoso bendecido por el Papa o un obispo, rezando un Credo. 

- Al nuevo sacerdote en su Primera Misa Solemne, y a quienes asistan a ella. 

- Renovación de las promesas del bautismo: en la Vigilia pascual o en el aniversario del bautismo. 

- Visitar la iglesia en que se celebra el Sínodo diocesano mientras éste dura, rezando el Padrenuestro y el Credo. 

- Visitar las iglesias estacionales en su día propio, asistiendo a las funciones de la mañana o de la tarde.

 - Al fiel que hace la Primera Comunión, y a quienes le acompañan.

 - Visita al cementerio en los primeros ochos días del mes de noviembre, orando (basta mentalmente) por los fieles difuntos. 

- En la visita pastoral, pueden beneficiarse de la indulgencia una vez si se asiste a una función sagrada presidida por el visitador. 

Condiciones para la indulgencia plenaria

Para ganar una indulgencia plenaria, además de querer evitar cualquier pecado mortal o venial, hace falta rezar o hacer la obra que incorpora la indulgencia cumpliendo tres condiciones: 

Confesión sacramental 

Comunión Eucarística

Oración por las intenciones del Papa. 

Con una sola confesión sacramental puede ganarse varias indulgencias plenarias; en cambio con una solo comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Papa sólo se gana una indulgencia plenaria. Las tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de rezar o hacer la obra que incorpora la indulgencia, pero es conveniente que la comunión y la oración por las intenciones del Papa se realicen el mismo día. 

La condición de orar por las intenciones del Papa se cumple si se reza a su intención un solo Padrenuestro y un Avemaría; pero se concede a cada fiel la facultad de orar con cualquier fórmula, según su piedad y devoción. 

La indulgencia plenaria únicamente puede ganarse una vez al día, pero el fiel cristiano puede alcanzar indulgencia plenaria in artículo mortis, aunque el mismo día haya ganado otra indulgencia plenaria. 

La indulgencia parcial puede ganarse varias veces al día, a no ser que expresamente se establezca lo contrario. 

La obra indicada para obtener la indulgencia plenaria aneja a una iglesia y oratorio consiste en la visita piadosa de este lugar, rezando el Padrenuestro y el Credo, a no ser que en algún caso especial se establezcan otras condiciones.

Indulgencia parcial

Las siguientes oraciones y acciones tienen indulgencia parcial, todas las que van señalizan con (*) pueden alcanzar la indulgencia plenaria si se cumplen los requisitos de la misma: 

- "A tí, bienaventurado José...". 

- "A ti, oh Dios, te alabamos..."(Te Deum)*. 

- "Acordaos, oh piadosísima Virgen María...". 

- "Ángel de Dios, tú que eres mi custodio...". 

- "Aquí estamos, Señor, Espíritu Santo..." 

- "Santos Apóstoles Pedro y Pablo...".

 - "Misericordia, Dios mío..." (Salmo 50). 

- "María, Madre de gracia y de clemencia..." 

- "Adorad postrados..." (Tantum ergo)*. 

- "Oh, sagrado banquete".

- Miradme, oh mi amado y buen Jesús..."*.

 - "Señor, a todos lo que por amor..." (Oración por nuestros benefactores). 
- "Señor, Dios Todopoderoso que nos has hecho llegar al comienzo de este día..." 
- "Bajo tu protección..." (Sub tuum praesidium).

 - "Señor, dales el descanso eterno..." Esta indulgencia se aplica sólo a los difuntos. 
- "Adorote devotamente..." (Adoro te devote). 

- "Alma de Cristo...".

 - "Proclama mi alma..." (Magníficat).

 - "Oremos por nuestro Pontífice...". 

- "Jesús dulcísimo, cuya caridad...". 

- "Desde lo hondo..." 

- "Ven, Espíritu Creador..." (Veni Creator). 

- "Ven, Espíritu Santo..." (Veni, Spiritus Sanctus). 

- "Jesús dulcísimo, Redentor del género humano..." (Consagración a Cristo Rey).

 - "Te damos gracias..." 

- "Señor... dígnate enviar a su santo ángel...". 

- "Señor, que tu gracia inspire...". 

- "Visita, Señor esta habitación...". 

- Rezar la Salve. 

- Rezar el Santo Rosario. 

- Rezar el Ángelus durante el tiempo ordinario.

 - Rezar el Credo, ya sea el apostólico o el niceno-constantinopolitano*. 

- Rezar Regina Coeli durante el tiempo pascual.

 - Rezar Laudes o Vísperas del Oficio de difuntos. 

- Rezo de cualquiera de las Letanías aprobadas por la Iglesia, entre otras: del Santísimo Nombre de Jesús, del Sagrado Corazón de Jesús, de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, de Santa María Virgen, de San José y de los Santos. 

- Rezar las oraciones para pedir por las vocaciones. 

- Rezar por la unidad de los cristianos.

 - Rezo de cualquiera de los oficios parvos. 

- Rezar una oración en honor de un santo en el día de su celebración litúrgica.

 - Adoración del Santísimo Sacramento (Visita al Santísimo)*.

 - Hacer un acto de contrición. 

- Leer la Sagrada Escritura como lectura espiritual*.

 - La comunión espiritual. 

- Asistir a las Novenas con motivo de Navidad, Pentecostés o de la Inmaculada Concepción. 

- Cualquier acto de fe, esperanza o caridad. 

- Hacer un rato de oración mental.

 - Renovar las promesas del bautismo*.

 - Impartir o aprender la doctrina cristiana. 

- Realizar la Señal de la cruz, pronunciando las palabras de costumbre. 

- Visitar las catacumbas. 

- Asistir a la predicación de la palabra de Dios*. 

- Visitar una iglesia u oratorio en los días en que se realiza la visita pastoral*. 

- Usar los objetos piadosos con la bendición debida*. 

- Visitar las iglesias estacionales en su día propio. 

Condiciones generales para la indulgencia parcial

La indulgencia parcial se concede a los fieles cristianos que, en el cumplimiento de sus obligaciones y en el sufrimiento de las dificultades de la vida, eleva su alma a Dios con humilde confianza, añadiendo, aunque sólo sea mentalmente, alguna piadosa invocación. 

La indulgencia parcial se concede al fiel cristiano que, movido por el Espíritu de fe, se entrega a sí mismo o sus bienes, con sentimientos de misericordia, al servicio de los hermanos necesitados. 

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que, con espíritu de penitencia, se priva voluntariamente de alguna cosa lícita y agradable.

Cualquier duda consulte el catecismo de la iglesia católica del número 1471-1484

 

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